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040 _aISAE Universidad
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100 _aFreire, Paulo
_9263
245 1 0 _aPedagogía del oprimido /
_cPaulo Freire ; traducción de Jorge Mellado.
250 _a2 ed.
260 _aMéxico :
_bSiglo Veintiuno Editores
_c2005.
300 _a124 páginas.
500 _aNotas pie de pagina.
504 _aIncluye referencias bibliográficas (p.245-246).
505 _aCAPITULO I Justificación de la pedagogía del oprimido. La contradicción opresores-oprimidos, su superación. La situación concreta de opresión y los opresores. La situación concreta de opresión y los oprimidos. Nadie libera a nadie, ni nadie se libera solo. Los hombres se liberan en comunión. CAPÍTULO II La concepción “bancaria” de la educación como instrumento de opresión. Sus supuestos. Su crítica. La concepción problematizadora de la educación y la liberación. Sus supuestos. La concepción “bancaria” y la contradicción educador-educando. La concepción problematizadora y la superación de la contradicción educador-educando: nadie educa a nadie —nadie se educa a si mismo—, los hombres se educan entre si con la mediación del mundo. El hombre como ser inconcluso y consciente de su inconclusión y su permanente movimiento tras la búsqueda del SER MÁS. CAPITULO III La dialogicidad: Esencia de la educación como práctica de la libertad. Dialogicidad y diálogo. El diálogo empieza en la búsqueda del contenido programático. Las relaciones hombres-mundo, los “temas generadores” y el contenido programático de la educación. La investigación de los temas generadores y su metodología. La significación concientizadora de la investigación de los temas generadores. Los momentos de la investigación. CAPITULO IV La antidialogicidad y la dialogicidad como matrices de teorías de acción cultural antagónicas: la primera sirve a la opresión; la segunda, a la liberación. La teoría de la acción antidialógica y sus características: —la conquista —la división —la manipulación —la invasión cultural La teoría de la acción dialógica y sus características: —la colaboración —la unión —la organización —la síntesis cultural
520 _a"Cuanto más analizamos las relaciones educador-educandos dominantes en la escuela actual, en cualquiera de sus niveles (o fuera de ella), más nos convencemos de que estas relaciones presentan un carácter especial y determinante —el de ser relaciones de naturaleza fundamentalmente narrativa, discursiva, disertadora. Narración de contenidos que, por ello mismo, tienden a petrificarse o transformarse en algo inerme, sean estos valores o dimensiones empíricas de la realidad. Narración o disertación que implica un sujeto —el que narra— y objetos pacientes, oyentes —los educandos. Existe una especie de enfermedad de la narración. La tónica de la educación es preponderantemente ésta, narrar, siempre narrar. Referirse a la realidad como algo detenido, estático, dividido y bien comportado o en su defecto hablar o disertar sobre algo completamente ajeno a la experiencia existencial de los educandos deviene, realmente, la suprema inquietud de esta educación. Su ansia irrefrenable. En ella, el educador aparece como su agente indiscutible, como su sujeto real, cuya tarea indeclinable es “llenar” a los educandos con los contenidos de su narración. Contenidos que sólo son retazos de la realidad, desvinculados de la totalidad en que se engendran y en cuyo contexto adquieren sentido. En estas disertaciones, la palabra se vacía de la dimensión concreta que debería poseer y se transforma en una palabra hueca, en verbalismo alienado y alienante. De ahí que sea más sonido que significado y, como tal, sería mejor no decirla. Es por esto por lo que una de las características de esta educación disertadora es la “sonoridad” de la palabra y no su fuerza transformadora: Cuatro veces cuatro, dieciséis; Perú, capital Lima, que el educando fija,memoriza, repite sin percibir lo que realmente significa cuatro veces cuatro. Lo que verdaderamente significa capital, en la afirmación: Perú, capital Lima,Lima para el Perú y Perú para América Latina. La narración, cuyo sujeto es el educador, conduce a los educandos a la memorización mecánica del contenido narrado. Más aún, la narración los transforma en “vasijas”, en recipientes que deben ser “llenados” por el educador. Cuando más vaya llenando los recipientes con sus “depósitos”, tanto mejor educador será. Cuanto más se dejen “llenar” dócilmente, tanto mejor educandos serán. De este modo, la educación se transforma en un acto de depositar en el cual los educandos son los depositarios y el educador quien deposita."
650 1 0 _aFilosofia de la educación
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